Caballo Salvaje 9 · 2026
"Una invitación a disparar primero"
- Dirección
- Martin McDonagh
- Duración
- 1h 58m
- Estreno
- 2026
- Registro
- 26 oct 2026
- Firma
- Dominga José M.M
- País
- Reino Unido
- Género
- Drama
- Dónde
- En Cines
Bobina 01
¿Existe redención para el ser humano?
Antes de adentrarnos en Caballo Salvaje 9, reflexionemos un poco sobre el trabajo de McDonagh. En lo personal, lo considero un director y guionista destacable, capaz de explorar las contradicciones humanas de una manera increíblemente dialéctica. Sus obras examinan los conflictos morales, especialmente aquellos relacionados con la violencia y el perdón, y exploran cómo el mundo interior de los personajes se proyecta en el territorio que habitan.
Son historias necesarias para comprender la dualidad de la existencia. Sin embargo, advierto que, si no se observan con la debida perspectiva, sus películas pueden reducirse a una búsqueda de justificación para lo injustificable: por ejemplo, encontrar compasión en un ser humano que le quita la vida a otro porque ese es su trabajo.
Sin duda, son temas que necesitamos explorar, y para eso también existe el cine de ficción. No obstante, en su última entrega, McDonagh traslada sus discusiones morales a un contexto real que sigue siendo latente para la población chilena. Abordar estas tensiones desde una herida histórica que aún permanece abierta es una apuesta sumamente ambiciosa y reaccionaria.
Bobina 02
El experimento de Mcdonagh
Siento que hay algo siniestramente cuestionable en esta decisión, pero, al mismo tiempo, creo que es una película necesaria para poner el tema sobre la mesa y abordarlo de manera directa.
En cierto sentido, la película busca exponer la participación de Estados Unidos en el golpe de Estado chileno, un hecho histórico que todavía algunos se empeñan en tratar como un mito. Que tenga que venir un director británico, que trabaja para Hollywood, a ponerlo en pantalla para que adquiera visibilidad es una ironía en sí misma.
Sin embargo, McDonagh no renuncia a su estilo: se centra en el desarrollo de personajes y, de alguna manera, le presta ropa al desalmado. John Malkovich ofrece una actuación digna de Oscar al construir un monstruo con el que resulta posible empatizar, un hombre que, mientras se deteriora y pierde la razón, adquiere una ternura casi desconcertante. Es una operación muy propia del director, que insiste en explorar cómo la violencia no es ajena a la condición humana, sino parte de sus contradicciones.
Para ello, recurre a dos mecanismos característicos de su obra: el uso del territorio como herramienta narrativa, que evidencia cómo estos agentes del primer mundo ningunean la cultura del tercero, y el humor preciso como forma de apaciguar la brutalidad del discurso. Sin embargo, su mayor acierto reside en la maestría técnica con que articula los diálogos, que transitan entre referencias metafóricas y teorías personales capaces de revelar la psicología de los personajes sin explicitarla. Este recurso también contribuye a matizar su naturaleza, pero McDonagh lo contrapone con intercambios mucho más directos, generando un equilibrio que descoloca al espectador y complejiza su lectura de los personajes.
La película explica su mecanismo de manera literal «una foto de un enano con una pelota de básquetbol»: signos que, al contraponerse, adquieren una dimensión simbólica que descoloca, rompe patrones preestablecidos, particularmente en el terreno político. No creo que fuera necesario entregar la interpretación en bandeja, bajo el supuesto de que el espectador del tercer mundo no sería capaz de comprenderla por sí mismo. Pero de todas formas saca un chiste al respecto para no ser ofensivo.
Bobina 03
Una invitación a disparar primero
Ahora bien, ¿es posible desarmar estas ideas cuando existe un dolor histórico que sigue latente? Probablemente, eso es lo que busca McDonagh: poner a prueba su propia técnica y descubrir si es lo suficientemente precisa como para conseguir que una víctima de la dictadura empatice con un agente de la CIA o, por el contrario, provoque un rechazo aún mayor. Porque, en última instancia, la técnica cinematográfica no es neutral: también pone a prueba nuestra propia postura frente a aquello que vemos.
Será que las propias víctimas de la dictadura puedan aplaudir una película que concede redención a sus verdugos. Que la búsqueda de justicia termine validando la venganza y perpetuando la violencia en un ciclo aparentemente interminable, como si esta fuera parte inevitable de la naturaleza humana.
¿Qué pienso yo? Creo que explorar estos dilemas en la ficción es legítimo y necesario. El cine funciona como una simulación de la realidad, un espejo que nos permite examinar nuestras contradicciones sin tener que experimentarlas directamente. Sin embargo, cuando la ficción aborda un contexto histórico cercano y heridas que siguen abiertas, esa exploración puede adquirir un matiz de manipulación. En lugar de favorecer la comprensión, corre el riesgo de conducir al espectador hacia una interpretación determinada, aunque no necesariamente sea esa la intención del director.
Algo similar ocurrió con La ola: una propuesta que, al dejar sus ideas abiertas a ambos polos, puede terminar alimentando posiciones contrapuestas en lugar de propiciar una reflexión común. En Caballo Salvaje 9, esa tensión resulta aún más delicada por su proximidad con el calibre histórico. Mi problema es que la película no termina de articular una reflexión sobre la ambigüedad moral, sino que corre el riesgo de convertir el conflicto en un espectáculo de redención y represalia: por un lado, humaniza a quienes participaron en la violencia; por otro, parece sugerir que la respuesta frente a quienes la ejercen es disparar primero. Así, la película queda atrapada en la misma contradicción que pretende explorar: ¿estamos cuestionando el ciclo de la violencia o simplemente encontrando nuevas razones para perpetuarlo?
Bobina 04
Una distancia necesaria
Mi calificación responde a cuánto me seduce la calidad de su guion y la maestría con que McDonagh logra desarticular ideas preconcebidas. Sin embargo, al trasladar sus dilemas a un contexto político real, la discusión moral adquiere una complejidad que termina por distanciarme. Quizás mostrar la naturaleza violenta del ser humano de una manera tan directa busca incomodarnos y confrontar nuestras propias contradicciones. En mi caso: salí de la película aborreciendo aún más los conflictos armados.
Me gusta pensar que no soy la única persona que puede interpretar la película desde esa perspectiva. No obstante, me inquieta la posibilidad de que, tanto desde la izquierda como desde la derecha, o de quien ejerce el poder y quien lo sigue, el mensaje que termine prevaleciendo sea el mismo: que, frente al conflicto, lo mejor es disparar primero. En lugar de cuestionar la violencia, la película corre el riesgo de avivar las llamas entre quienes ya se encuentran enfrentados, ofreciendo argumentos para que cada bando justifique su propia respuesta.
Por eso, considero que hacer este tipo de cine en un contexto histórico tan sensible puede resultar contraproducente. La ambigüedad moral, que en otras circunstancias podría abrir un espacio para la reflexión, aquí termina validando la supremacía estadounidense incluso ante la mirada de quienes creen estar cuestionándola.